A retomar la senda victoriosa

[displayAdzone id="8"]

El pasado fin de semana Atlético Nacional no pudo alcanzar el anhelado título 17 que todos los aficionados y no seguidores creían que iba a ganar, tanto por la campaña realizada durante todo el semestre, con las mejores estadísticas, entre ellas, la valla menos vencida. El sueño no se pudo concretar, al final del juego el silencio enmudeció las tribunas del Atanasio.

Era tanto el vacío en la tribuna, que así mismo se trasladó al camerino, un silencio fúnebre que ni permitió las declaraciones a la prensa del cuerpo técnico y el capitán del elenco verdolaga. Un Jorman Campuzano que trataba de sostener la mirada al frente con sus ojos encharcados, un Dayro Moreno que no era capaz de sostener su llanto y un Vladimir Hernández, con una impotencia dolorosa, que lo llevó a golpear una estructura metálica camino a las duchas.

Muchos en el escenario deportivo recordaron esa final de 2004 cuando se perdió frente al rival de patio o la del 2005 contra el Junior, luego de remontar un 3 a 0 en contra. Después de esas derrotas todo parecía imparable, las eras de Escobar, Osorio y Rueda, fueron sin duda estilos de juego que parecían imparables para cualquier rival en el país.

¿Qué sentido tendría entonces una competición que repite al mismo ganador? O ¿estamos enfrente de una afición que están poco acostumbrados a perder? Sin duda, el verde de Antioquia es la mejor institución de los últimos tiempos por el proceso deportivo que ha desarrollado, pero eso no lo hace omnipotente, los demás equipos trabajan también, en iguales o diferentes condiciones donde se preparan para la competencia.  Eso fue lo que demostró el Tolima, un equipo con pocos jugadores de renombre pero que frente al rival estaba en las mismas condiciones y solo querían una cosa, triunfar, con una fe inquebrantable que lo llevó a escribir una historia, no solo por el triunfo, sino por lograr vencer al equipo que todos consideraban el favorito, el fuerte e invencible del fútbol colombiano.

Ese equipo que nadie daba un peso, no lo creían ganador, nos dio una lesión a todos, paso igual cuando David venció a Goliat, una lesión que se repite y nos dice que en el fútbol no hay nada escrito hasta el pitazo final.

Recordemos que, el Barcelona dirigido por Pep Guardiola perdió las eliminaciones europeas frente al Inter de Milán y al Chelsea, y luego la final de Copa contra el Real Madrid en Valencia. Todo eso sirvió para que retomará con más fuerza la senda victoriosa y ganar ese doblete tan recordado en la Champions y la Liga.

Por: Comunicaciones Acord Antioquia.

Foto Cortesía José Luis Ospina – Socio Acord

//pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Previous post

“No podemos menospreciar a ningún rival, nos tocó un grupo muy difícil”:

Next post

En Comfama se abre el telón de los goles infantiles

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *