“¡Los 30 de ‘Mi querido Mágister’!”

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Por: Amado Hernández Gaviria

La clase de Lengua Materna era en el 310 del Bloque 11 de la Universidad de Antioquia. Unos 40 estudiantes de comunicación, idiomas, sociología, bibliotecología, trabajo social, historia, antropología y filosofía -mi programa- nos repartíamos las sillas que aún las revoluciones no habían zafado de sus tornillos. Marcos Vallejo, un tipo cincuentón de ojos muy grandes que despertaban las sospechas de las alumnas más bonitas, era el profesor.

Durante todo el semestre la escena era la misma. Trascurrida media hora de la clase un muchacho delgado, alto como poste en baloncesto, cabello castaño y con un atado de periódicos y revistas prensado bajo la axila, entraba al salón intentando no producir ruidos pero, por alguna desinteligencia motriz -tropezón- o por su misma talla, siempre quedaba en evidencia. Entonces, él levantaba su mano libre y saludaba a Vallejo, como recordándole algo pactado entre ambos, y se sentaba. Mirada atenta al tablero. Media hora antes de concluir la clase, se erguía, repetía el rictus de la mano y salía dando zancadas apuradas, de quien tenía que cumplir con otro compromiso.

Un salto. 1991 a 1995. Un Renault 4 está estacionado en la 74, frente al Obelisco. El muchacho con figura de “poste” abre la puerta y me invita a entrar. ¡Aplícate esto en la cara! ¡No importa que sigas sudando! ¡El caso es no brillar! Dijo, con ese afán con el que salía de las clases de Vallejo. Pero no era afán. Solo era el ritmo de quien sabía poner un paso. Un líder. Faltaban cinco minutos. Íbamos a trasmitir por Teleantioquia la maratón de la Clásica Internacional de Patinaje Ciudad de Medellín. Él ya se gozaba su mundo. A mí me temblaban las manos. “Tranquilo, si lo hacemos así, saldrá perfecto”. Y así ocurrió.

Con mi cambio de programa, filosofía a comunicación y mi ingreso a CICRODEPORTES, hoy ACORD, nuestras líneas se habían intersectado. Fue como juntar aquellas dos sillas del 310 para convertirnos en compañeros inseparables. Antes de la gran pantalla, habíamos armado yunta en la “Voz del Megáfono”, una parodia en parlante creada por él y los socios más veteranos para avivar con humor el febril cuadrangular del Día del Periodista.

Jhon Jaime Osorio Osorio es un “atleta” de largo aliento que “corre” a pesar de que tiene las rodillas rotas. Así asume el periodismo, como una prueba de “gran fondo”. Sabe que el tiempo corre a su favor, no en contra. Por eso sus primeros 30 años de vida periodística lo reivindican como profesional ¿De qué serviría la experiencia sino para transmutarla en conocimiento y sello de calidad a través del análisis y la reflexión? Él es un académico.

“¡Poeta!”, me llamó una tarde. Me preguntó qué tenía que hacer. Pensé que deseaba que nos tomáramos un café. Entonces exclamé: “¡Nada!”. Sin esperar pausas, replicó: “¡Qué tal si escribimos un libro!”. Me reí. “¡Este loco qué…!”, pensé, tal vez como pensábamos los 40 del 310 cuando lo veíamos entrar y salir como una ráfaga. No sabíamos lo que perseguía, no sabíamos que ya era un periodista. Bueno, un año después, y junto a Davis Zapata, publicaríamos Periodismo Deportivo: entre líneas, voces e imágenes.

Somos privilegiados quienes hemos estado a su lado, en Teleantioquia, Caracol, Tigo, Canal U, Emisora Cultural Universidad de Antioquia, Señal Colombia, Blu Radio… JJ es huella, también camino. Es enseñanza suelta. Él no amarra el saber, algo afín con su generosidad. De sus alumnos he escuchado decir: “¡Es el mejor!”. Y sé que no es una frase prefabricada. Una cuartilla es poco para hablar de este “fondista”; para referirme con justicia al colega que me ha enseñado a preparar una transmisión y que ha signado mi imagen y mi nombre; para ponderar su ingenio y la rigurosidad con la que estudia cada disciplina. Por eso es justo aquello del “Señor de los Deportes”. En lo poco, todo. ¡Felicitaciones “Mi Querido Mágister”! ¡Gratitud, amigo¡ ¡La andanza continúa…!

Foto tomada de su instagram

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1 Comentario

  1. Édgar Yovani Piza Echeverri
    24 noviembre, 2018 at 11:08 am — Responder

    Como siempre tus relatos nos envuelven (queramos o no) en un sentimiento bellísimo. Gracias mi querido amigo por compartirlo.
    Jhon Jaime Osorio, al igual que vos, inspiran el verdadero periodismo a quienes vemos por la ventana… apenas.
    Un abrazo gigante.
    Édgar Yovani Piza.

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