Crónica de una pasión naranja: Paisas, a un triunfo de la gloria y el corazón de Rafael Orlando

Crónica

Por: Roosevelt Castro B.

El baloncesto es más que un juego. Es una historia que se escribe en cada rebote, se grita en cada triple, y se celebra en el alma de quienes lo aman. Y si hay alguien que lo vive con el corazón en la mano es Rafael Orlando Castro Bohórquez, un aficionado de 69 años que,
desde la gradería del Iván de Bedout, revive en cada partido los ecos de su juventud con la
pelota naranja.

Paisas hace vibrar a Medellín

La Liga Profesional de Baloncesto de Colombia está en su clímax y el equipo de los Paisas de Antioquia no decepcionó. En dos jornadas memorables, el equipo antioqueño defendió su casa con uñas, dientes y corazón ante Caimanes de Villavicencio, dejando la serie final 2-0 a su favor y quedando a tan solo una victoria de levantar el trofeo. El sábado 12 de julio, el primer partido fue un despliegue ofensivo digno de una final. Los  parciales marcaban una superioridad paulatina: 26 – 21, 51 – 41, 78 – 62 y finalmente un sólido 104 – 95. La cancha se convirtió en una fiesta blanca y verde de Antioquia. El domingo 13, el drama se instaló en el maderamen. Los parciales mostraban una lucha cerrada: 19 – 18, 27 – 36, 45 – 46 y 67 – 67. El primer over time cerró en 74 – 74, pero fue en el segundo cuando Paisas sacó la garra para dejar el marcador en 85-80. Una batalla épica, de las que se narraran con voz quebrada en el futuro.

Rafael Orlando: memoria viva del baloncesto

Pero esta historia no solo se escribe con puntos y parciales. Se escribe también con memoria y emoción, como la que transmite Rafael Orlando Castro B., nacido en Fundación, Magdalena, el 13 de febrero de 1956, pero antioqueño de corazón desde que llegó a Santa Bárbara, en un periplo cafetero de su padre Roosevelt, y cuando contaba con tan solo 16 años de edad. Fue figura en los Juegos Intermunicipales con su selección, y más tarde brilló con el equipo del Banco Cafetero en Medellín, donde fue campeón varias veces. “Este equipo me recuerda a mis días en las canchas, cuando defendíamos cada balón como si fuera la vida misma”, dice Rafael, con la voz temblorosa pero firme, mientras abraza a su nieto Miguel. “Volver a ver este Coliseo lleno, con los muchachos dejando el alma, me hace sentir que todo valió la pena. Paisas está haciendo historia, y yo estoy aquí para vivirla.”

La mente detrás del equipo

Detrás de este rendimiento está el técnico venezolano Daniel Seoane, estratega meticuloso que ha sabido construir una máquina colectiva. “Hemos trabajado desde la base con compromiso y disciplina. Sabemos que nada está ganado, pero este equipo tiene hambre y cree en su juego. De otro lado, quiero dedicarle estos triunfos a mi esposa, una mujer que siempre me acompaño en estas largas, y a veces duras, jornadas deportivas”, declaró Seoane, con la mirada fija en Villavicencio, donde el título espera y con el corazón fijo en su amada esposa María José Solórzano. Jugadores como Juan Diego Tello, figura clave en la pintura, también lo sienten. “Esto es por la gente, por los que vinieron cuando no ganábamos, por los que lloran con nosotros. Esta camiseta pesa, pero también da alas”, comentó Tello tras el segundo partido, aún emocionado por el dramático partido disputado con Caimanes.

El eco de la historia

Desde 2016, cuando aún se llamaban Academia de la Montaña, Paisas no levantan el título. Nueve años de sequía que podrían terminar este 16 o 17 de julio en tierras del llano. El baloncesto mundial, que tuvo su origen gracias al estadounidense James Naismith en 1891, vive hoy una de sus páginas doradas con sabor antioqueño. Más de 4.200 almas por partido rugieron en el Iván de Bedout, y entre ellas, Rafael Orlando, ahora pensionado, vecino del barrio Belén, no faltó ni un segundo. “Esto es lo que me mantiene vivo”, dijo con lágrimas en los ojos, “lo que une a mis hijos, a mis nietos y a esta ciudad que me lo dio todo.”

Lo que viene

La serie se traslada ahora a Villavicencio, Meta, donde Caimanes luchará por la remontada y Paisas buscará la barrida definitiva. La historia está a una victoria. Y con hinchas como Rafael Orlando alentando, el corazón paisa late más fuerte que nunca. “El baloncesto, como la vida, se mide en momentos. Y este, sin duda, es uno para no olvidar”, concluye Rafael Orlando, el esposo amoroso de Luz Elena Arcila y padre de Carlos Andrés, Lina Marcela y Daniel.

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