Esta vez hay más mística: esta vez, sí
Camino a la Séptima
Por: Fredy Pulgarín
Este martes comienza una nueva final para el Equipo del Pueblo. En Bogotá se escribe el primer capítulo de una historia que Medellín lleva años esperando cerrar: la conquista de su séptima estrella. Una historia llena de derrotas que duelen, de finales perdidas que dejaron cicatrices, pero también de una fe que no se rompe y un amor que no se rinde. Porque si algo ha aprendido la hinchada poderosa es a levantarse, a resistir y a seguir creyendo, incluso cuando todo parece perdido.
Este año hay algo distinto, se siente: hay una energía que recorre las tribunas, una mística poderosa que ha acompañado al DIM durante todo el semestre. Y no se trata solo de fútbol. Es esa conexión profunda con la gente, con una hinchada que superó récords y volvió a llenar el estadio con más de 30 mil abonos vendidos. Es esa comunión silenciosa que aparece cuando la pelota no entra, y alguien en la tribuna enciende la esperanza con un ramito de ruda, una planta, un ritual, una cábala escarlata que hoy hace parte del paisaje en el Atanasio.
También hay símbolos nuevos. Como la “Chaverrihna”, esa jugada impensada del lateral Francisco Chaverra que al principio parecía una burla o una locura, pero terminó marcando un antes y un después. Dividió opiniones, generó memes, sacó risas y enojos… pero, sobre todo, encendió algo: la rebeldía de este equipo para escribir su propia historia, con irreverencia y personalidad.
Y en ese relato no puede faltar Washington Aguerre, el arquero uruguayo que ha vivido el amor y el rechazo de la hinchada. Se equivocó, sí, en momentos clave, pero también se paró en el arco con el alma en la mano, transformándose en ese líder que transmite fuerza y contagia pasión, aún en medio de la tormenta; o Léider Berrío, que el destino ha querido volver símbolo: en dos años seguidos fue el verdugo del Medellín: con Pereira en 2022 y con Junior en 2023, cobrando los penales que derrotaron al Poderoso. Hoy, con la camiseta roja, es él quien abre el camino. Dos goles suyos en los cuadrangulares tienen al DIM en la final. ¿Coincidencia? ¿Destino? Lleva el número 7. La estrella también.
Esta vez, el Medellín no llega solo. Llega con Alejandro Restrepo como líder, un entrenador joven que ha sabido potenciar lo mejor de su equipo, con una ciudad que lo respalda y con las cicatrices aún abiertas de tres finales recientes que se escaparon por poco. Pero sobre todo, llega con la certeza de que esta vez sí, porque todo parece alineado: el juego, el momento, el alma del Atanasio… y esa sensación indescriptible de que esta historia no puede terminar igual.
Una nueva ilusión para los hinchas poderosos, una nueva oportunidad para gritar campeón, que parece tenerlo todo alineado, porque la mística de esta estrella está más viva que nunca: ¡Vamos Poderoso, que esta sí es!
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