Fútbol: felicidad fraternal

Camino a la Séptima

Por: Nectalí Cano

¿Hay algo más hermoso que escuchar la voz de tu hijo de siete años? Sí, escuchar cuando dice “Te amo, papá”. Pero esa voz que tanto amo, en estos días me sorprendió cuando lo escuché cantando: “Vamos ‘Rojo’, vamos, ustedes pongan huevos que ganamos”.

¿Marcos es hincha del Medallo? La abuela materna que es con quién ve más fúbol, sí. Y cómo escoger el equipo donde uno pone el alma es un proceso tan extraño, pues bueno…

Haciendo memoria, no sabría decir porque soy hincha del Nacional. Yo vengo de una familia muy grande, pero poco futbolera. Más o menos a mis siete años (1984 – 1985), el cuadro era el siguiente: una hermana y un hermano hinchas del ‘Medallo’ y un hermano hincha de ‘Millos’. Mientras tanto, una hermana y cinco hermanos, porque soy el menor de diez, les daba igual, el fúbol no era lo suyo.

¿Por qué escogí ser de Nacional? No lo sé, sí sé que escuchaba el radio e imaginaba que Sapuca era más gigante que cualquier ser humano, que me molestaba cuando un compañerito tomaba una tiza y escribía en el tablero DIM sí NAL no. De hecho, por esos días Comfamiliar Camacol regalaba boletas para ver al DIM, pero yo tenía claro que mi amor era verde.

Sin embargo, me cuesta mucho odiar y desear el mal. ¡Y en fútbol ni se diga! Yo quiero que el DIM gane todos los partidos, menos los clásicos.

No es gratuito que fútbol se escriba con f de fiesta y fraternidad. Por eso, por mis familiares, por mis parceros, por mi ciudad, casi siempre me he pegado a la fiesta de los títulos rojos. Obvio, ese casi lo marca el 27 de junio de 2004, donde cla-ra-men-te quería ver al ‘Verde’ campeón.

En 2002 me pegué a la fiesta de romper esa sequía casi cincuentenaria gracias a la zurda de Mao, en 2009 me pegué a la fiesta de ese ‘Rojo’ donde Jackson saltaba más que todos juntos y en 2016 sí que me les pegué a la fiesta después de esa corrida interminable de un Marrugo que aún sigue corriendo en la mente de muchos hinchas ‘Poderosos’ y que puso a gritar a mis hermanos y sobrinos, a mis amigos, a mi ciudad.

Que llegue la séptima roja es una fiesta que se merecen mi familia, mis parceros, mis colegas rojos y un equipo y un DT que lo vienen haciendo tan bien que lo mínimo que se merecen es que actualicen la letra de esa canción de Alfredo Gutiérrez: “jugando fútbol del bueno, el Poderoso no engaña, de Moreno a Comesaña, de Comesaña a Restrepo”.

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