Nadar para volver a soñar

Por: Diego Vega

Desde bebé tuvo la natación interiorizada y, hace poco, se ha reencontrado con ella. Un momento difícil la alejó de las piscinas, pero con carácter, disciplina y el apoyo de su familia, hoy participa en su primer Babynatación. 

Su memoria no lo recuerda, pero sus primeros pasos se dieron al mismo tiempo de sus primeras braseadas. Fue al año de vida cuando Luciana Hincapié tocó por primera vez una piscina, fue al año de existencia que su piel tocó aquella agua clorada. Sin saberlo, sin tener plena conciencia de sus días, fue en ese momento que, con cada entrenamiento, con cada chapuzón, con cada sorbo de agua que tomaba, empezó la conexión con la natación, el deporte que ahora ama.

Fue creciendo, practicando y disfrutando del agua. Pero notó una característica fundamental que le daría un giro a su vida: tenía cierta facilidad para estirarse, era muy flexible. Gracias a esto, les comentó a sus padres que quería entrenar gimnasia. A los 5 años pisó su primer tapiz. Destacó en cada ejercicio que hacía; su constancia y disciplina la llevó a ser una de las mejores y a participar en competencias, pero luego de un año llegó el momento más complejo para la familia.

Fue en un entrenamiento donde la felicidad se apagó. Su rodilla se desplazó y con ella, muchos de los sueños que tenía. Fue un momento difícil, un tiempo complejo. Le reconstruyeron toda la rodilla y le tocó reconstruir su vida, con dolor, con fisioterapia, con disciplina, con berraquera.

Con la evidente tristeza que había, sus padres se cuestionaron el suceso: ¿por qué la metieron tan temprano a entrenar?, ¿por qué la cambiaron a gimnasia?, ¿por qué no la dejaron nadando? Aun así, no la dejaron caer, no dejaron que se desanimara. Escondieron sus lágrimas en la habitación y pintaron el positivismo en su rostro. Les dolía, les afectaba mucho, pero como comenta su padre, Andrés Hincapié: “Si nosotros bajábamos la cabeza, la niña también”.

Toda su familia la apoyó: su hermano menor, sus abuelos, sus padres. Fue duro, no quería volver a sentir dolor, le daba miedo volver a lesionarse. Pero después de mucha recuperación y fisioterapias, empezó a coger ritmo de a poco. Volvió al ruedo practicando patinaje, le gustaba estar sobre ruedas, pero un día vio a unos niños entrenando natación con aletas y regresó a sus inicios, su primer gusto, uno de los primeros lugares donde probablemente fue feliz: la piscina.

Decidida a volver, en septiembre del 2025 inició a entrenar bialeta, a hacer lo que le gusta, fluir con el agua y avanzar cada vez más rápido. Lo que más disfruta Luciana de natación es que puede hacer amigas mientras está relajada, así se siente feliz. “Siento que este deporte es el que más me gusta”, comenta, agregando que las personas que practican natación son más felices, y eso le gusta.

Sin embargo, ese mismo mes llegó un nuevo golpe. En una consulta médica les dieron otra mala noticia: debían volverla a operar porque su rodilla estaba creciendo hacia adentro. Volvió la bata azul, las paredes blancas y el dolor. Le colocaron una platina en la parte interna de la rodilla para que, junto con su pie, crecieran bien.

Fue otro mes y medio en recuperación, siendo optimista, peleando contra el dolor, entendiendo que pronto todo pasaría. “Nana, tú puedes” era lo que siempre le decía su hermano, y sí, ella lo sabía, ella podía. Realizaba fisioterapias y luego se dirigía a la piscina a recuperar, a hacer más viable el proceso de recuperación mientras disfrutaba del agua y los amigos.

Antes veía a sus compañeras, luego su lesión y pensaba que nunca estaría a su nivel. Pero ahora en el Babynatación, compiten a la par, demostrando que fue capaz, que es capaz. Con poco tiempo entrenando, pero siendo constante y juiciosa, ingresó al Festival para vivir un gran sueño: competir en su primer campeonato de natación de toda su vida. Está feliz, vino a hacer amigos, a competir por primera vez en una piscina olímpica, a superar las cicatrices del pasado y mirar su futuro; un futuro que visualiza lleno de competencias, de victorias, de aprendizajes, de alegría y tranquilidad.

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