Carlos Mario Oquendo presentó su libro «Uno hace la diferencia»
Carlos Oquendo sabe exactamente lo que es vivir esa duda: no saber qué hacer, como papá, el día en que quieres que tu hijo empiece a practicar un deporte.
Lo curioso es que Oquendo, medallista de bronce en BMX en Londres 2012, sabe con precisión de cuatro ciclos olímpicos cómo se entrena un cuerpo y una cabeza para 35 segundos de pista. Ese momento —el durante— lo domina como pocos en Colombia.
Pero el primer día —el de elegir por dónde empezar con sus propios hijos— no tenía ni idea de cómo enfrentarlo.
Cuando nacieron sus hijos, se hizo una pregunta que nadie esperaría de un medallista olímpico:
¿en qué deporte los meto? ¿Tiene que ser bicicleta, como el papá? ¿Puede ser otra cosa? ¿Puede no ser nada?
No tenía respuesta.
Sabía competir. Pero no sabía empezar. Nadie se lo había enseñado — ni una federación, ni un entrenador, ni los años de alto rendimiento.
Lo que sí tenía era su propia infancia. Su familia, sin método ni teoría, había tomado decisiones que hoy Oquendo identifica como acertadas: nunca midieron el resultado, midieron el esfuerzo. Lo dejaron probar antes de exigirle. No lo especializaron antes de tiempo.
Oquendo tomó esa intuición familiar y la puso a prueba contra la evidencia científica: el marco de desarrollo a largo plazo del deportista (LTAD), la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan, y las investigaciones de la Universidad de Washington sobre entrenadores y padres. Lo que su familia había hecho bien por instinto, coincidía con lo que la ciencia deportiva llevaba décadas documentando.
Consolidada esa respuesta como papá, Oquendo pensó en un problema más grande: la cantidad de deportistas —y de familias— que nunca se preguntan qué pasa después del deporte, ni cómo sostenerlo mientras dura. A él mismo le pasó: meses después de subir al podio en Londres, se dio cuenta de que nunca se había preparado para el después del deporte, cuando tuvo que enfrentar marcas, medios, redes sociales, abogados y mucho más. Nadie le había enseñado a leer un contrato, a construir una marca propia, ni a proyectar económicamente una carrera deportiva. Esa carencia —la de no saber financiar ni proyectar el deporte de un hijo, ni lo que viene cuando ese deporte se acaba— es la que completa el libro.
De ahí nació Uno hace la diferencia, el primer libro de Oquendo junto a Editorial Intermedio, contado en el mismo marco de tiempo de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 —el antes, el durante y el después— porque esa, dice Oquendo, es la manera real en que se vive un proceso deportivo completo.
No es un libro solo para papás que sueñan con el próximo Yamal o el próximo Messi. Es para cualquier familia que ve en el deporte una herramienta de formación, con la meta de que, al terminar de leerlo, sepan tres cosas: cómo iniciar bien a su hijo en el deporte, cómo acompañarlo de la mejor forma, y cómo financiar o proyectar ese proceso —y lo que viene después de él— sin tener que aprenderlo a punta de caídas, como le tocó a Oquendo.
La tesis de fondo es simple: como familia, uno puede hacer la diferencia en el proceso deportivo de un hijo — y no hay que aprenderlo por ensayo y error. Se puede aprender de quienes ya recorrieron ese camino. Ese es, de hecho, el origen del título: Uno hace la diferencia.
El libro está lleno de anécdotas de los Juegos Olímpicos nunca antes contadas, además habla de la pregunta que no supo responder cuando nació su primer hijo, de lo que descubrió al mirar hacia atrás su propia crianza, y de la llamada que le hizo entender que nadie enseña a sostener una carrera deportiva.
Con el Mundial recién terminado, esa pregunta vuelve a estar en la cabeza de miles de papás colombianos: ¿Mi hijo puede llegar lejos? Oquendo tiene una respuesta distinta a la que la mayoría espera. No se trata de encontrar al próximo Yamal. Se trata de que cualquier familia — tenga o no un hijo con futuro deportivo— sepa construir, desde el primer día, el camino correcto
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