Crónica: La estocada final

Crónica

Por: Santiago Rendón

El hincha de Independiente Medellín parece condenado a remar contra las adversidades. Es un ser que siempre está, pero que rara vez recibe la recompensa que merece.

Podría decirse que hoy, incluso, es más difícil seguir al equipo que en el pasado. Los antecesores no estaban acostumbrados a la gloria, o tal vez habían saciado la sed de títulos con los trofeos Departamentales de antaño.

El hincha contemporáneo contó con la agridulce fortuna de saborear la cima en 2002 después de 45 años, en 2004 ante su clásico rival y un par de veces más cuando se quedó con la anhelada estrella. Esa situación debilitó su coraza y lo hizo más vulnerable ante el dolor de la derrota, que se hace más fuerte cuanto más cerca se está de la felicidad. Para los fieles al ‘Rojo’, quizá es más difícil soportar las caídas cuando llegan en momentos donde los festejos parecen inminentes.

La del 2023-II, la más dolorosa hasta el momento, fue una prueba de resiliencia de la cual los seguidores de Independiente Medellín parecían incapaces de reponerse. La derrota en la ida volcó a la hinchada hacia la ilusión de la remontada, un día antes el hotel de concentración respiraba ambiente de triunfo y el día del partido el Atanasio Girardot cumplió, pero el equipo no lo hizo. Las caravanas, el recibimiento al bus, la pólvora, las cábalas más inverosímiles, el tifo, los cánticos… Todo eso se acabó a pocos minutos del final del partido, cuando una volea de Vladimir Hernández le arrebató la estrella al onceno paisa y forzó la definición desde los doce pasos.

Pero esta, la del 2025-I, superó con creces ese y cualquier otro golpe. El semestre fue complicado, de hecho el equipo se metió de octavo por cuenta de la falta de eficacia en la definición; sin embargo, la hinchada volvió a responder, pero el equipo volvió a fallar. Regresaron las caravanas, el recibimiento al bus, la pólvora, las cábalas -con la ruda como protagonista-, el tifo, los cánticos… El ambiente de fiesta que se vivía en el ‘Coloso de la 74’ se volvió lúgubre cuando Santa Fe empató, la afición no pudo responder más y el conjunto visitante jugó a placer en estadio ajeno. Pero, ¿cómo culpar al hincha del DIM? Si ese gol revivió el fantasma de tres finales perdidas y de tres diciembres amargos.

Esta fue la estocada final para una ilusión que ahora carece de rumbo. Pasará mucho tiempo hasta que esa herida sane en el corazón de los aficionados y tal vez solo lo hará cuando la séptima por fin adorne el escudo del ‘Poderoso’.

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