Por una palabra que construya y no destruya: volver a la urbanidad de Carreño para salvar el periodismo deportivo
Intervención del profesor Luis Fernando Sierra, socio Acord Antioquia, durante el Séptimo Coloquio de Paz, organizado por el Observatorio de Paz del Politécnico Jaime Isaza Cadavid.
Compañeros, colegas, amigos de Acord Antioquia.
Hoy no vengo a hablarles como el colega que analiza un 4-4-2 o discute un fuera de lugar. Vengo a hablarles con la preocupación de un ciudadano que ve cómo el tejido de nuestra profesión se desgarra un poco más cada vez que abrimos un micrófono. El periodista deportivo ha sido, históricamente, un referente, un modelo de lenguaje y un constructor de ídolos. Lo que decimos en una cabina de radio o en una red social no se queda en el aire; se convierte en «verdad» para miles de personas.
Hace décadas, en casi todos los hogares de Medellín y de Colombia, había un libro que dictaba el ritmo de la convivencia: la Urbanidad de Carreño. No eran solo reglas de etiqueta; era un pacto de respeto mutuo. Hoy, al mirar el panorama digital, parece que ese pacto ha sido incinerado. Nos hemos acostumbrado a que el insulto de «grueso calibre» sea la moneda de cambio para ganar visualizaciones. Hemos permitido que el «sentimiento de hincha» se convierta en una licencia para la destrucción moral.
¿En qué momento confundimos la vehemencia con la vulgaridad? ¿En qué momento el «clic» se volvió más valioso que la dignidad de un ser humano?
Como bien señaló recientemente El Colombiano, el maltrato con las palabras ha superado todas las esferas. Lo vemos en el Congreso, lo vemos en las calles y, dolorosamente, lo vemos en el deporte. Ya no nos preocupa insultar a quien piensa diferente. Si un técnico se equivoca, no criticamos su planteamiento; lo deshumanizamos. Si un directivo toma una decisión impopular, no debatimos su gestión; le enviamos un ejército de «bots» a acosar a su familia.
Estamos viviendo una erosión de la empatía. El anonimato de las redes sociales ha creado «bodegas de odio» donde el periodista, a veces por error y otras por estrategia, termina siendo el comandante de una tropa de agresores. Nuestra misión es ser el puente entre el espectáculo y la ciudadanía, pero hoy, como en el juego infantil, «el puente está quebrado». Y lo hemos quebrado nosotros con la piedra del agravio.
Miren sus manos por un momento. Con estas manos escribimos crónicas que emocionan a un país, con estas manos sostenemos el micrófono que narra la gloria de nuestros atletas. Pero estas mismas manos pueden ser garras que desgarran la reputación de un profesional en 280 caracteres.
Aunque no estamos aquí para hablar de política, debemos entender que nuestras dos manos son el símbolo de la democracia informativa: la derecha y la izquierda, el crítico y el elogiado. Ninguna es más que la otra. Cuando se unen, construyen; cuando se cierran en un puño para golpear al que piensa distinto, solo generan escombros. Levantemos el puño para alentar, para analizar con firmeza, pero nunca para golpear la mesa con altanería.
ACORD Antioquia no puede ser un espectador silencioso de esta degradación. Por eso, hoy los invito a adoptar este nuevo tratado de convivencia:
• La Regla de Oro: No digas en el micrófono lo que no serías capaz de sostener mirando a los ojos a la persona, en presencia de su madre o de sus hijos.
• El Filtro de la Paz: Antes de publicar, pregúntate: ¿Este comentario aporta una solución o es gasolina para un incendio que ya no podemos controlar?
• Respeto al Disenso: Discrepar es un arte. Insultar es el recurso de quien se quedó sin argumentos.
• Responsabilidad con las Audiencias: Somos educadores informales. Si el periodista grita e insulta, el hincha en la tribuna se sentirá legitimado para agredir.
• La Ética del Algoritmo: No permitas que la búsqueda de tráfico digital dicte tu moral. Un «me gusta» nacido del odio es una mancha en tu carrera.
Antioquia es una tierra de contrastes, de pasiones desbordadas, pero también de una altura intelectual envidiable. Tenemos una tradición que proteger. No podemos permitir que nuestro legado sea el de una generación que cambió la pluma por el puñal verbal.
El fútbol es, en esencia, un juego. Un juego serio, un negocio gigante, una pasión social, pero un juego al fin y al cabo. Ningún resultado deportivo justifica que perdamos nuestra humanidad. El mundo ya tiene suficiente conflicto; nosotros tenemos la oportunidad única de ser el oasis de cordura en medio del desierto del odio.
Colegas, amigos todos: la palabra es poder. Y como todo poder, conlleva una responsabilidad sagrada. No se trata de ser tibios o de no criticar; se trata de recuperar la elegancia en la crítica.
Hagamos un pacto hoy, aquí en ACORD. Recuperemos el respeto a la diferencia. Que cuando alguien escuche a un periodista de esta agremiación, no sienta miedo ni rabia, sino que sienta el peso de la autoridad que da el conocimiento y la decencia.
Volvamos a la Urbanidad de Carreño, no como un recuerdo polvoriento del pasado, sino como una herramienta de vanguardia para salvar nuestra profesión. Seamos los periodistas que Antioquia y Colombia necesitan: valientes con la verdad, pero impecables con la palabra.
Alcemos la voz para gritar goles, para denunciar injusticias, para celebrar el deporte. Pero nunca, nunca más, usemos esa voz para destruir al hermano que viste una camiseta diferente.
Muchas gracias.
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